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La Coctelera

Ejercicios de "vieja" comunicación

Crece el número de individuos que se muestran en público y en privado “enganchados” al móvil, mientras ejercicios de la comunicación tan saludables como la conversación y la relación “cara a cara” se relegan cada vez más a favor de encuentros virtuales. Y es que el texto de un email o un SMS requieren menos esfuerzo, pero sobre todo menos implicación por parte de ambos polos de la comunicación…Estar más comunicado no significa necesariamente estar mejor comunicado; los nuevos dispositivos que facilita la tecnología multiplican el número de relaciones personales, al igual que el de contactos, e incluso se pueden “hacer” nuevos amigos. Por otro lado, es indudable que la tecnología digital presente ofrece muchas ventajas para mejorar las comunicaciones entre personas, ayudando a gestionar compromisos de agenda. Sin embargo, cabría una reflexión desde el punto de vista de la actitud del individuo ante la comunicación con otras personas; si los textos cortos (en versión email o SMS) sustituyen cada vez más a la voz en una conversación donde la expresividad es inexistente o plana, ¿tendrá efectos importantes en el lenguaje verbal y/o escrito para las nuevas generaciones?; y, si al final el tiempo de ocio y el de trabajo coinciden en el mismo intervalo, ¿será, al fin, el jefe nuestro amigo?

Aporofobia

Supongo que si esta palabra aparece en un examen de cultura general la mayor parte de los examinandos pondría cara de poker. Y, sin embargo, su significado lo escuchamos cotidianamente en muchas expresiones relacionadas con los inmigrantes. Según los analistas expertos en psicología y lenguaje, aporofobia significa rechazo a los pobres y a veces se oculta detrás de frases como “son unos muertos de hambre”. Se confunde con la xenofobia, pero no es lo mismo, aunque hay que reconocer que no sólo se tilda de muertos de hambre a los rumanos, los polacos o los ecuatorianos, sino que históricamente también se ha hecho con los gitanos y, no nos engañemos, con muchos “payos”. No la he visto escrita en los periódicos, ni he oído que la mencionaran en los medios audiovisuales; lo curioso es que tampoco es una palabra nueva porque aparece en Internet analizada en diversos artículos publicados hace tiempo… Se ha escrito mucho sobre la inmigración, se ha debatido y discutido, se elaboran leyes, se diseñan planes, se celebran congresos y se financian proyectos de todo tipo en relación a las personas que constituyen realmente este fenómeno. Pero parece que, sino todo, mucho se queda ahí, en estrategias para ver cómo molestan menos. ¿Para cuándo un estudio que hable del lenguaje de los medios cuando tratan de ellos? ¿para cuándo otro sobre cómo nos dirigimos nosotros a los inmigrantes? ¿para cuándo una guía de cómo superar el miedo al extranjero? ¿cuándo dejaremos de utilizar la cultura como elemento de exclusión?

<em>(Publicado en www.odisea21-odisea21.blogspot.com, en febrero de 2008).</em>

Información y poder

“Los medios nos cuentan todo tipo de cosas: que caminaremos por el ciberespacio, que llevaremos ropas de metal, que haremos el amor a distancia, que el mundo será una superdemocracia... Que estaremos perfectamente informados e involucrados. Pero todo esto son mentiras. Mi definición de la situación es ésta: vamos hacia un mercado de la información, es decir, miles de personas conectadas por ordenador que hacen tres cosas, comprar, vender e intercambiar, que significan dos, información y servicios de información.”

<em>M. Dertouzos, Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) </em>

La vehemencia oculta, a veces, desprecio

Hasta no hace mucho era una palabra es desuso, de esas que pasan desapercibidas en el diccionario y que parecen reservadas a eruditos, políticos o personajes que poco o nada tienen que ver con la gente de la calle. Sin embargo, ahora parece estar en boca de todos. Programa tras programa televisivo, reunión tras reunión laboral, textos profanos y chistes en power point muestran la dichosa palabreja de las que, no nos engañemos, el común de los mortales sabe muy poco. Vehemente significa que “tiene una fuerza impetuosa”; de un discurso se dice que es “ardiente y lleno de pasión”, y una persona vehemente es aquella que “obra de forma irreflexiva, dejándose llevar por los impulsos”. Quién utiliza la expresión “es que soy muy vehemente” sólo es consciente de alguno de sus significados, por lo general, de aquel que hace referencia al ardor y a la pasión, al ímpetu con que se oraliza. Pero en absoluto ha medido la carga de irreflexión que actuar de ese modo, en cualquier tipo de situación cotidiana, posee. En la televisión se utiliza últimamente con ligereza, no cuando se debate, sino cuando se abruma, se insulta, se desprecia. Y fuera de las pantallas los “jefes tóxicos”, los “compañeros contaminados”, los vecinos irrespetuosos, los insatisfechos de cualquier edad y condición ocultan tras esa extraña palabra su actitud mezquina, insultante, malhumorada, que a su vez disfraza una existencia llena de complejos personales. Eso, según el diccionario, no es ser vehemente, sino otra cosa…

Tendencia: sin centro ni valores en la educación superior

Todas las universidades españolas están, en mayor o menor grado, inmersas en el diseño de su oferta de grado y posgrado para adecuar los estudios al espacio educativo europeo que quiere ser una realidad en menos de dos años. Y mientras unos reforman sus contenidos adaptándolos a las premisas de convalidación futura firmadas en Bolonia, y otros se inventan asignaturas para justificar el incremento de sus precios abusivos de matriculación, los estudiantes continúan en las mismas aulas (muchas incluso con paredes desconchadas), acudiendo a los mismos laboratorios que en 1998 (cuando las matrículas de la universidad privada, por ejemplo, eran la mitad que ahora) y disfrutando de clases “magistrales” impartidas por docentes aburridos, en la pública, y ambiciosos, inexpertos y ex alumnos jovencísimos, en la privada. Y es que la universidad española es cada vez más claramente un reflejo de la empresa actual, donde triunfan los que se dejan manejar, los que rinden pleitesía a los jefes que temen aunque no respetan, donde lo que importa es la subida anual del sueldo porque la dignidad no da de comer, y donde es más importante ser ejecutivo por un tiempo que conserje media vida porque si las cosas salen mal es culpa de la política de la empresa y si salen bien de la capacidad del equipo directivo… Con esta ausencia de valores en nuestros compañeros, ¿hemos de extrañarnos cuando los alumnos exigen que se les prorrogue dos años seguidos una beca Erasmus porque están muy cómodos en su destino a pesar de que lleven tres o cuatro “no presentados” en el curriculum académico reciente?
Pero lo importante aquí es que se lleva el “bi”. Como en política, el turno, la polarización, los “extremos”. A los estudiantes habría que enseñarles que fuera de la universidad sólo hay dos posibilidades, y que, evidentemente, demostrar un perfil inteligente, innovador, trabajador y con principios no es la mejor manera de salir al mundo laboral. El perfil más eficaz, ése que proporciona ascensos de vértigo, muestra ambición, astucia, pocos escrúpulos y una gran cantidad de desprecio hacia los compañeros… sólo así se puede ser tan cobarde y miserable como para traicionar a quién te diga el jefe, cualquiera que sea éste o aquél. Nos falta esa asignatura que enseñe al alumno cómo hacer la pelota al jefe, cómo disfrazar las realidades o cómo negociar el sueldo; el resto es fácil: comprar y vender (nuestra imagen, nuestros compañeros, nuestros amigos), intercambiar información y poder (como dirían los de MIT) y el resto de las materias sobran.

La interactividad como evolución positiva


Dicen que los medios de ahora, los medios del futuro, son diferentes de los tradicionales porque posibilitan al usuario interactuar con el medio y hasta con los contenidos...

Televisión y radio digital, prensa electrónica, Internet y telefonía móvil siguen implementando aplicaciones que “enganchen” al usuario. De los medios “enriquecidos” donde los servicios interactivos se descargan vía emisión se pretende pasar a una categoría que ofrezca una verdadera comunicación emisor-receptor-emisor, para lo que es preciso incluir un canal de retorno a través de IP. Dentro de los primeros, la intención administrativa y también por parte de los operadores es que la mayor parte de los servicios de descarga, así como de la programación que se ofrezca (canales de televisión digital terrestre en abierto, por ejemplo) sea gratuita vía STB; en el segundo caso, para servicios como apuestas, transacciones comerciales o bancarias, etc., se discute el establecimiento de un precio. Este tipo de relación emisor-receptor la ofrecen la telefonía móvil de última generación y la Red, pero la pretensión es que Internet se “cuele” en los medios e incluso que el móvil se convierta en un mando a distancia que permita conectar a los consumidores con todos los terminales electrónicos por ahora independientes. En apenas unos años, la intención de los organismos internacionales implicados en el desarrollo de la Sociedad de la Información es subir un peldaño más en la interactividad que se ofrece al usuario mediante la inclusión de navegador y correo electrónico en los medios tradicionales. La primera apuesta se ha hecho con la televisión digital a través del MHP (DVB-MHP) de modo que la TDT esté preparada para ofrecer algo más que multitud de canales distintos.
El juego que permite la interactividad ha de ser espontáneo, tiene que surgir de un modo inconsciente por parte del usuario. Para ello, más importantes que las marcas o las fuentes, lo son la configuración de los dispositivos de acceso y el contexto de recepción. Comodidad, facilidad e inmediatez, premisas indiscutibles para avanzar en esta línea de conectividad (o hiperconectividad si se prefiere) universal. Fácil, cómodo y rápido, pero además entretenido. Y a ello ha de contribuir, una vez más, la convergencia física y creativa de medios y contenidos.La realidad de hoy refleja un creciente consumo individualizado de contenidos mediáticos que empiezan a dar la espalda a la información para recrearse en el espectáculo...
La audiencia ha cogido el mando. Quiere entretenerse mientras se comunica, informarse en pequeñas dosis, ver y opinar, pero además quiere crear y compartir. Pero el mando, por ahora, le permite poco.

El fin del "Cuarto poder"...¿?

Hay varias pistas que aturden: los oyentes, los espectadores o la audiencia en general, es decir,"casi" todos podemos acceder a los medios, o mejor, a la distribución de contenidos a través de los medios de comunicación (que lo otro es más difícil); tenemos "libertad" para elegir y para ofrecer; nos dejan publicar nuestras opiniones, nos animan a realizar vídeos, a sugerir, a pedir, a discutir, a votar... Hay quien confunde esto con "una mayor democracia de los medios" gracias a la influencia de las nuevas tecnologías de la comunicación, donde casi todos somos iguales y casi todos tenemos el mismo derecho a la información y a la intervención en la elaboración de esa información... Mientras, los periodistas se han burocratizado y observan impertérritos, desde la barrera, lo que hacemos con sus medios de vida. Hay quien dice que la élite periodística ha muerto, que los líderes de opinión tradicionales ya no están aquí. Hay quien piensa que las ideas no se cambian en 60 minutos, aunque el "espectáculo" sea de primera división y lo difundan en alta definición. Y, luego, estamos los que pensamos que la profesión ha perdido estilo y poder, porque ha intercambiado información por posición, influencia por dinero, opinión por comodidad... Hay quien escribe que la participación ciudadana es la clave del desarrollo. Hay quienes creemos que antes que la herramienta se exige enseñanza, porque sin cultura, criterio o educación la intervención se puede volver en nuestra contra. Algo que, sin duda, otros poderes están esperando...